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3. Envidia.

En la sombra del alma, sutil veneno, nace la envidia, cruel y sereno. Es un lamento que susurra a escondidas, tejiendo redes de sombras y heridas.

En el jardín de sueños ajenos, la envidia germina como espinos, se enreda en el alma, enredadera traicionera, tejiendo celos con hebras de quimera.

En el espejo de la mirada ajena, se refleja el anhelo de quien envidia en pena. Aliento furtivo de miradas envenenadas, se fragua la envidia en noches despejadas.

Oh envidia, veneno de corazones, te disfrazas de susurros y traiciones. Atragantas amistades, despedazas la calma, bordando con malicia tu manto de trama.

En el banquete del éxito ajeno, la envidia se sienta, comensal veneno. Devora la alegría, carcomiendo la risa, mientras el alma envenenada se desliza.

Mas, en la luz de la verdad serena, la envidia se desvanece, se enjaula y se enajena. Que la grandeza del alma sea el escudo, contra el veneno que envidia, vil y mudo.

Que florezcan jardines de admiración, donde la envidia se marchite, sin perdón. Que el corazón se vista de humildad, y la envidia se desvanezca en la realidad.

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